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Duelo

Generalmente cuando se escucha o se habla de duelo, se asocia a la muerte de un ser querido, sin embargo, el duelo puede vivirse debido a diferentes situaciones, por ejemplo, por la ruptura de una relación, por un divorcio, por la pérdida de un empleo, por la falta de la salud que antes se tenía, por la perdida de la capacidad motriz, por la muerte de una mascota, la pérdida de una cosa o un valor, que haya sido significativo para la persona.

El duelo es una etapa que generalmente vivimos todas las personas ante una situación de pérdida, es un proceso natural que se experimenta y que implica un reto grande en la vida, supone un proceso de adaptación a una nueva realidad.

Quienes están en duelo, pasan por las siguientes etapas, aunque cada persona las vive de manera diferente:

Primera etapa: negación. Es el momento en el que la persona no quiere aceptar la realidad, no puede creer lo que le está ocurriendo y siente que lo que le está pasando es irreal.

La segunda etapa es la ira. Es el instante en el que se busca culpar a alguien, surge el enojo y un sentimiento de injusticia, la persona se pregunta ¿por qué yo?, o ¿por qué a mí?

La negociación es la tercera etapa, Es en donde aparece la esperanza de que la situación sea distinta, se desea volver a como era antes, algunas veces, puede presentarse antes de vivir la pérdida.

La cuarta etapa es la depresión. En este momento la persona es más consciente de la pérdida, hay incertidumbre, miedo, tristeza y una renuencia a convivir con otras personas.

La quinta es la aceptación. En esta etapa se busca comprender la nueva realidad y darle un sentido, a partir de un proceso de reflexión sobre la pérdida ocurrida.

Cuando la persona está en duelo, puede presentar alguno de los siguientes síntomas: incredulidad, preocupación constante y excesiva, confusión, dificultad para concentrarse. Emocionalmente también se ve afectada, presentando dolor, tristeza, remordimiento, culpa, soledad, desánimo, desamparo, fatiga, añoranza, enojo, desamparo, ansiedad, depresión, frustración, rabia, agotamiento.

La afectación también puede aparecer en la conducta, llevando a la persona a mostrar: aislamiento social, conducta distraída, trastornos del sueño y de la alimentación, deseos de llorar, conductas de evitación, entre otras.

A nivel orgánico puede sentir: falta de energía, falta de ánimo, nudo en la garganta, opresión en el pecho, hueco en el estómago, sequedad en la boca, así como una sensación de despersonalización.

Es importante saber que está bien sentirse así, que permitirnos experimentar cualquiera de esos sentimientos o emociones es sano, que está bien no siempre tener que ser la persona fuerte. Que se vale sentir tristeza, dolor, enojo, coraje, y permitirte expresarlos, y no por eso eres una persona débil.

Superar la pérdida no es fácil y lleva tiempo, es un proceso y hay opciones para que sea más llevadero, puede resultar útil por ejemplo, no resistirse a lo que se está sintiendo, hablar de la pérdida y de cómo se siente al respecto, eso ayuda a ir aclarando y comprendiendo lo que ha sucedido, acercarse a familiares y amigos a hablar de lo sucedido, procurar mantener la rutina habitual, intentar comer bien, realizar alguna actividad física o hacer ejercicio, descansar, tener presente que eso que se está sintiendo, no es permanente, que es pasajero y que eventualmente pasará, que como todo proceso, lleva su tiempo y que se puede seguir adelante viviendo el día a día, sin querer sentirse totalmente bien de un momento a otro.

Si los sentimientos son abrumadores y piensa que no puede superar la pérdida y continuar con su vida, tal vez hablar con un profesional de la salud, le pueda ayudar.

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