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El miedo, consecuencias y antídotos

Hoy más que nunca el miedo se ha exacerbado por parte de gobiernos, organizaciones internacionales y medios de desinformación, penetrando hasta lo más recóndito de la geografía terrestre y de la mente humana, al grado de que la “coronafobia” ha creado seres aterrorizados que buscan toda clase de tratamientos y amuletos que los protejan de amenazas y peligros externos reales o imaginarios. Una vieja fábula dice que cuando un león se lanza sobre un conejo, éste muere de miedo antes de ser atrapado por el carnívoro. Metáfora que se aplica perfectamente a la época reciente.

Si bien es innegable la existencia de los coronavirus, también es absolutamente verdadero que no es una amenaza mayor a otras circunstancias que dañan la salud y provocan la muerte de seres humanos como son el sobrepeso, las infecciones gastrointestinales, la diabetes, la hipertensión, el tabaquismo, el alcoholismo, la drogadicción, los errores medico-farmacéuticos, los accidentes automovilísticos, el suicidio, entre muchos otras causas para las cuales, obvio, no existe esperanza siquiera de disminuirlas con una vacuna.

Datos: millones de fallecimientos anuales por enfermedades cardiovasculares 17.9, cáncer 9.0, tabaquismo 8.0, enfermedades respiratorias (antes del Covid-19) 3.9, alcoholismo 3.0, diarrea 3.0, obesidad 2.8, errores médicos 2.6, diabetes 1.6, accidentes de tránsito 1.3 (Fuente OMS).

Todos, sin excepción, moriremos, desconocemos la causa y el momento de nuestra muerte, pero ésta es la única verdad absoluta: todos moriremos. Si hacemos consciente la certeza de que no podemos evitar morir, podemos elegir vivir felices o sobrevivir con dolor y sufrimiento.

Para disminuir significativamente los riesgos de enfermar y padecer dolor es necesario eliminar el consumo de refrescos, jugos y aguas embotelladas, productos industrializados, harinas blancas, azúcar, sal, grasas, colorantes, espesantes, alcohol, tabaco, drogas, fármacos, entre otros. Liberarnos del trabajo alienante y crear formas de ganarnos la vida de forma honesta y creativa. Aprender y construir conocimiento significativo de forma autónoma. Participar en la construcción de una nación que transforme las relaciones sociales y permita la disponibilidad de viviendas dignas que eviten el hacinamiento, espacios habitacionales con servicios donde los valores principales sean el afecto y la felicidad entre los seres humanos. Unos dirán que es utopía, otros lo llamarían el Reino de los Cielos, no importa el nombre. El ser humano que elimine los miedos creados artificialmente por los poderes hegemónicos y acepte su mortalidad, inmediatamente se vuelve inmortal, porque ha perdido el miedo a morir y aprende a vivir. Este es el único miedo de los poderes hegemónicos: que los de abajo piensen.

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