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Política y futbol

Habrá quien esté al tanto del papel de México en el mundial para tratar de entender lo que pueda pasar el 1 de julio; sin exagerar, el futbol es un asunto que puede cambiar el ánimo de la gente, por lo tanto se vuelve en un asunto de suma importancia para el sistema.

Luis García, en aquel momento jugador del Atlético de Madrid, marcó dos goles a Irlanda en el mundial de 1994. En la tarde de ese día de junio, el candidato del PRI a la presidencia de la República, Ernesto Zedillo, le marcó para felicitarlo. El ariete recibió la llamada y tuvo un diálogo ocioso con quien sería el próximo presidente. Faltaban dos meses para que se llevaran a cabo las elecciones y el futbol era un buen pretexto para ganar simpatías.

Cada 12 años, las elecciones presidenciales en México coinciden con el mundial de futbol. En los últimos 25 años, ha tocado en 1994, 2006 y ahora, 2018, elecciones y copa del mundo. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? En sí, nada; pero a la vez, hay que entender el futbol con un fenómeno global, que por la importancia que le damos, se convierte en asunto de Estado, además de que repercute en el estado de ánimo colectivo.

Los argentinos saben de esto. El campeonato mundial de 1978 que se jugó en Argentina sirvió para que el mundo fuera testigo de que en aquel país “nada” pasaba; la junta militar se comportaba de manera muy amigable con los países invitados mientras los opositores al régimen eran torturados. César Luis Menotti, entrenador argentino, no dejaba de ser observado por los militares mientras se jugaba el pellejo; el flaco resguardaba en su casa a varios disidentes y a la vez llevaba a Argentina a ganar el título.

En México, Salinas ocupó durante todo su sexenio tanto la figura de Julio César Chávez como a la selección mexicana de futbol para dar la imagen de ser un país triunfador. En 1993, cuando el sueño salinista de ser un país de primer mundo empezaba a tambalearse, la selección clasificó al mundial de Estados Unidos y se experimentó la euforia bajo el grito de “nos vamos al mundial”.

Después de 15 días de la clasificación, asesinaron al cardenal Posados Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara. Luego se ganó la Copa Oro frente a Estados Unidos, y el presidente y su plana mayor saludaban a todo México desde un palco del estadio Azteca; posteriormente vino el subcampeonato de la Copa América y Salinas de Gortari recibió a los seleccionados en la residencia oficial de Los Pinos. A la par del buen momento de nuestra selección, Julio César Chávez era una máquina de boxeo que lo ganaba todo.

Llegó 1994 y México avanzaba a una velocidad imparable hacia el modelo neoliberal. Ese año abríamos las fronteras para el libre comercio con nuestros países vecinos del norte, también asesinaron a Luis Donaldo Colosio y el sistema sacó su peor cara llenando de miedo al país; si alguien osaba intentar un cambio, el país correría riesgo de sufrir una crisis económica, amenazaban.

Así llegamos al mes de junio y lo mejor que le podía pasar al sistema político era un buen papel de nuestra selección en mundial. Y México no estuvo nada mal, se calificó como primero de grupo, pero en octavos de final perdió contra Bulgaria. Pasaron dos meses y el 21 de agosto, el PRI alargó su agonía —y la del país— seis años más.

12 años después, en 2006, el país observaba dos proyectos muy bien definidos. Felipe Calderón y López Obrador se disputaron de manera encarnecida la presidencia de la República, mientras México llegaba al mundial de Alemania con un cuadro de cierta talla internacional.

Antes de que la selección partiera a tierras germanas, Felipe Calderón se paró en el Centro de Alto Rendimiento donde entrenaba la selección y dejó sus mejores vibras. López Obrador mandó todos sus buenos deseos en una entrevista con López-Dóriga. Nuevamente al sistema político le convenía que México hiciera un muy buen papel ya que está comprobado que lo que haga la selección mexicana influye en el ánimo de los votantes.

La historia fue la de siempre, un papel gris con el sabor de haber rozado la gloria. En estas elecciones fueron varios seleccionados que abiertamente se manifestaron a favor de Felipe Calderón, nunca en la historia de nuestro futbol ha existido un futbolista que reme contra corriente y sea crítico del entorno político.

Llegamos al 2018 y en la contienda sigue López Obrador, va por su tercer y último intento para hacerse de la presidencia; nuevamente toca ver a México en la copa del mundo. ¿Creen que un buen o mal papel influya en el ánimo de los electores? Muchos revisaban el calendario de la selección para ver si el día de la jornada electoral coincidiría con algún partido de México.

Para esa fecha se estarán jugando los octavos de final y aunque México pase no tendrá acción en ese día que pinta para ser histórico, además que el pronóstico para esta ocasión es reservado —tanto en el futbol como en la política—.

Lo que sí queda claro es que habrá quien esté al tanto del papel de México en el mundial para tratar de entender lo que pueda pasar el 1 de julio; sin exagerar, el futbol es un asunto que puede cambiar el ánimo de la gente, por lo tanto se vuelve en un asunto de suma importancia para el sistema.

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