Regreso a clases presenciales y continuidad de la pedagogía neoliberal

Desde el pasado 22 de abril, algunas escuelas de nivel básico reabrieron sus puertas para ofrecer el servicio educativo. Sin embargo, el retorno a las aulas no presenta nada distinto en materia pedagógica pues, como es sabido, las orientaciones o enfoques de la educación mexicana siguen sustentadas en los planteamientos de la pedagogía neoliberal.
A pesar que semanas atrás se llevaron a cabo las Asambleas de análisis del Plan y los Programas de Estudio para el diseño de los libros de texto gratuitos para la Educación Básica y se dio a conocer el esbozo del Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana, la enseñanza básica no ha tomado distancia respecto de las propuestas de la pedagogía posmoderna, ya que prevalece la política neoliberal en dicho nivel educativo.
Así, con la reanudación de las clases presenciales y la nueva normalidad de la enseñanza, se esperaba un cambio en el paradigma escolar; sin embargo, lo que sucedió fue instituir nuevas formas de sujetar la educación a las condiciones que el capitalismo mundial instauró a causa de la pandemia. Por ejemplo, la evaluación en línea se agudizó y el control administrativo aumentó, la atención a padres de familia y docentes ocurre, mayoritariamente, a través de plataformas digitales, lo mismo sucede con inscripciones, cambios de escuela y altas de alumnos y ni qué decir de las condiciones laborales del magisterio que, con el pretexto de la pandemia, el trabajo sindical, así como los derechos de los trabajadores de la educación quedaron en desamparo.
En el ámbito pedagógico, se insiste que la enseñanza siga direccionada bajo los planteamientos de la educación emocional y análisis de resultados (de las evaluaciones), es decir, los criterios de rendimiento, eficacia y eficiencia se prolongan como elementos sustanciales de la educación básica. Además, el Aprendizaje Basado en Proyectos, trabajo colaborativo, atención e identificación de parámetros e indicadores para guiar la tarea pedagógica, se mantienen como exigencias para la formación de chicas y chicos.
Asimismo, se ha generado una nueva normatividad que no se desvincula de las disposiciones que las reformas educativas anteriores (de los sexenios neoliberales) impusieron; sino, al contrario, prevalece la esencia de la política conservadora, capitalista y de derecha que sujeta al sistema educativo a las pautas y regímenes de los organismos internacionales (OCDE, BM, FMI) y direcciona el quehacer didáctico hacia la formación y reproducción de la fuerza de trabajo, necesaria para el sistema capitalista: generación de capital humano.
Por ello, el regreso a clases presenciales deja mucho que desear pues, mientras el documento “Marco curricular 2022” entable un discurso crítico para guiar la educación básica, la realidad educativa muestra que no hay un verdadero cambio en favor de la transformación social del país y tampoco se hace evidente la intención de romper con las ataduras del imperialismo pedagógico. Los criterios que rigen la enseñanza básica no se desprenden de los proyectos neoliberales que, junto con las perspectivas empresariales y economicistas, siguen dominando la directriz del trabajo docente y, con ello, se da continuidad a la sociedad neoliberal.


