El último arrebato

Juicio

Antes de que concluya febrero se conocerá si existen evidencias con valor jurídico de que Genaro García Luna puso el poder del Estado mexicano al servicio de la delincuencia organizada. Una corte norteamericana determinará si es condenado por varios delitos, entre ellos el de tráfico de cocaína, como agente de una empresa multinacional (vulgarmente conocida como ‘Cártel de Sinaloa’) que disfrutó de sus servicios mientras se desempeñaba como director de la Agencia Federal de Investigación y como secretario de Seguridad, durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.

La etapa de confesión de los testigos mostró dos planos simultáneos. Uno, se reveló que los tratos delincuenciales del alto servidor público no constituían una mera cloaca o un delito personal, sino que eran parte de un sofisticado sistema donde las fronteras entre el Estado y el Crimen quedaron borradas. Un antiguo jefe del narco, preso en Estados Unidos, confesó cómo, a cambio de dinero, se acordó instalar a un criminal de su confianza nada menos que al frente del área dedicada a perseguir al narcotráfico. Asimismo, un antiguo fiscal nayarita, ofreció datos que implican directamente al presidente Calderón en la trama criminal. No es casual que una encuesta, revelada por un medio extranjero, mostró que 84 de cada 100 mexicanos reclaman que el presidente Calderón también sea procesado.

En el segundo aspecto, se conoció por el testimonio de un antiguo secretario de Finanzas del estado de Coahuila, cómo un exgobernador de ese estado participó en una trama para aceitar la maquinaria mediática para encubrir las acciones criminales del exfuncionario procesado. Esto es importante para entender la manera en que los medios mexicanos dieron cobertura informativa al juicio. Algunos medios desviaron la mirada, otros pusieron el énfasis en frivolidades y algunos más, de plano, se dedicaron a descalificar las revelaciones y a defender abiertamente al antiguo funcionario.

Tiene sentido esto último, pues al obrar así realmente ejercían una defensa de sí mismos, pues se trata del mismo aparato mediático que, de manera vergonzosa, en 2011 acordó que en la cobertura de la (falsa) ‘guerra contra el narco’ ejercerían la autocensura para divulgar sólo la versión gubernamental. Es el mismo aparato mediático que años atrás se puso al servicio de García Luna para realizar un montaje televisivo que ‘vender’ al público la idea de que era eficaz la (falsa) guerra contra el Crimen. La antiperiodística cobertura de 2023 trajo como resultado que casi la mitad de los mexicanos no se enterara del juicio. En beneficio de la salud pública, por fortuna, esos medios han ido perdiendo su antiguo poder. Se comprende así lo que recientemente reveló el Instituto Reuters: la prensa convencional dominante en México goza de uno de los más altos índices de desconfianza ciudadana en el mundo.

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