Invitados

…ya merito

Manuel Guzmán Treviño

Lo que pareciera pura convivencia, pura entrega al juego, la diversión, se transforma en una cruda y cruel realidad ¿pero por qué digo esto? En el lenguaje de mi profesión se usa con singular entusiasmo el término “goce”, que dista mucho del sentido común a diversión, disfrute. El goce psicoanalítico es sinónimo de drama, tragedia que se repite al infinito y más allá. Es un derivado de lo que se conoce como “compulsión a la repetición”, en el lenguaje común es fácil ubicarlo cuando decimos “estás viendo y no ves”.

Mi registro memorístico, relacionado con Juegos Olímpicos, data de la olimpiada de Tokio, pero la de 1964, a la fecha. Mi recuerdo es vago relacionado con el día de la inauguración, por alguna razón pude verla en TV, pero era mucho muy noche. La vi y recuerdo también la exaltación de la carrera de maratón donde repite el triunfo y con nuevo record el etíope Abebe Bikila (oro en Roma y Tokio); se esperaba que en México 68 repitiera por tercera vez, pero no fue así, ganó su paisano, Mamo Wolde, pero el mérito reconocido y también impactante en la opinión pública fue la del corredor de Tasmania, John Stephen Akhwari, quien terminó en último lugar de la misma maratón en estado lamentable, apunto del desfallecimiento, situación que le da el reconocimiento en su país con el nombramiento de “Héroe Civil”. Por mencionar en la lista de situaciones dramáticas que pasan a la historia, la maratonista suiza Gabriela Andersen, quien entra al estadio de Los Ángeles deshidratada, medio consciente, medio caminando de un lado a otro de la pista, siendo los últimos 400 metros altamente dramáticos y viralizados a través de los medios; el resultado de esta manifestación física al borde de la muerte hizo que se reformara el código deportivo internacional y que permite ahora asistir a los deportistas que así lo demanden sin que automáticamente queden descalificados.

La olimpiada de México 68 la viví intensamente en mi adolescencia temprana, acudí a varios eventos y no dejé de ver lo que aparecía en la TV. En estas transmisiones aprendí a reconocer y consolidar los conceptos de “el ya merito” y el de “los ratones”. Ambos marcando la ruta del por qué no damos el paso que se tiene que dar para poder subir al pódium. Paralelamente escuchaba vivir en un país “en vías de desarrollo.”

El discurso mediático influye desde entonces y seguramente desde antes: hacer una opinión, una verdad, pero a medias. Una esperanza. Como el discurso político, aunque en realidad, el discurso deportivo también se hace discurso político con piel de bondad, convivencia de hermandad y alegría. Nada que ver.

Después de más de cincuenta años se sigue teniendo presencia, ya consolidada, del concepto del “ya merito” y el de “los ratones”.

El motivo para escribir esto, obedece a la alocución propuesta por los conductores de un canal de televisión abierta, “autorizado” para transmitir los Juegos Olímpicos, en el que hicieron con fervor patriótico una apología al 4º lugar.

Proponer un reconocimiento honorable para quienes ocupan esa “meritoria posición” en la que los reconocimientos, honores y lugares en la historia no les corresponden. Ser la delegación (Méxicana) con más cuartos lugares ¿es un orgullo? ¿una resignación? ¿una catástrofe?

Si la olimpiada de 1968 hubiera servido para hacer despegar y dar el paso al pódium, entonces se podría reconocer que ha valido el esfuerzo de seguir pagando impuestos para recuperar la inversión de las instalaciones olímpicas, fortalecer y consolidar la cultura deportiva y poder ser un país exportador de atletas y colector de medallas olímpicas, entre otras cosas. “No le tengas miedo al éxito, pá.”

El concepto de “los ratones” igualmente, es vigente. La esperanza del “5º juego” en el mundial y repetir la medalla olímpica en soccer. Eso sólo puede ocurrir, ya lo demostró la historia, siendo anfitriones. México 1970 y 1986.

“Ahí vamos…”, “…estamos en preparación…”, “es que es su primera olimpiada…”, “…estamos trabajando en ello…”, “…estamos importando atletas y se “naturalizan”.  Sin perder el acento, aprovechan las debilidades nacionales y, en escasas excepciones, hacen su trabajo con doble nacionalidad y entonan el “masiosare…”.

No es nada personal, estos son negocios, aunque los medios pretenden hacer creer que México ahora sí va por buen camino para la olimpiada y la copa del mundial.

El deporte sólo es reflejo de nuestra cultura milenaria de un cuarto lugar, fiesta, relajo, diversión, viajes, cruda y ahí lo que alcance pa’l chivo y la chela. Esta realidad mexicana hace recordar la canción visionaria de Chava Flores escrita a mediados del siglo pasado: “A qué le tiras cuando sueñas mexicano…mejor trabaja, ya levántate temprano, que con sueños de opio sólo pierdes el camión…”.

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