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Querétaro: donde la industria se apaga y la vivienda brilla (para unos cuantos)

México es un país de contrastes, de desigualdades y de economías que parecen diseñadas para desafiar la lógica. ¿Qué pasa cuando un estado presenta altos precios de vivienda, pero su actividad industrial va en picada? Bienvenidos a Querétaro, el lugar donde la tierra es cara, el empleo incierto y la esperanza… para los jóvenes, está en terapia intensiva.

Los números no mienten, aunque a veces nos gustaría que lo hicieran. En 2024, Querétaro fue el tercer estado más caro para comprar una vivienda, con un costo promedio de dos millones 204 mil 673 pesos. Un precio digno de una economía boyante, con pleno empleo, salarios competitivos y seguridad garantizada. Pero… algo no cuadra. Resulta que, mientras los inmuebles se cotizan como si estuviéramos en Suiza, la actividad industrial cayó un 7.2 por ciento en el último mes y un 3.7 por ciento en el último año.

Este es el típico caso de “todo está bien hasta que te pones a ver los datos”. La narrativa oficial nos vende a Querétaro como el nuevo epicentro del desarrollo: aeropuertos relucientes, parques industriales de vanguardia, la nube de Amazon y un ecosistema empresarial supuestamente en auge. Pero los datos del Inegi cuentan otra historia: la industria se está desacelerando, la inversión se está congelando y el empleo formal no está a la altura de las expectativas que genera la fiebre discursiva.

Y hablando de expectativas, ¿qué pueden esperar los jóvenes en un estado donde los salarios son bajos y la vivienda es inalcanzable? Ah, claro, siempre queda la alternativa de rentar un miniestudio de 18 metros cuadrados por el módico precio de una hipoteca en otro estado. O mejor aún, regresar a vivir con los papás hasta los 40, con la esperanza de que algún día la realidad sea menos cruel.

Porque, si algo nos ha enseñado la economía moderna, es que no hay problema en que el costo de la vivienda se dispare… siempre y cuando haya sueldos que lo soporten. Pero en Querétaro, como en muchas otras partes de México, los salarios se han quedado semicongelados mientras los precios siguen escalando. En una ecuación donde el costo de la vida sube y los ingresos se mantienen estáticos, la única constante es la frustración.

Y no olvidemos la seguridad, ese pequeño detalle que también debería influir en el valor de las propiedades. Si bien Querétaro ha sido promocionado como un oasis de estabilidad en medio del caos nacional, las estadísticas comienzan a sugerir otra cosa. El crecimiento urbano desordenado, la migración descontrolada y los problemas de delincuencia en expansión están comenzando a desgastar su imagen de paraíso empresarial. No es lo mismo vender un estado en ascenso que administrar uno donde los inversionistas comienzan a preguntarse si su dinero estará seguro en cinco años.

Entonces, ¿qué tenemos? Un estado donde la industria pierde fuerza, los precios de la vivienda suben, la seguridad se tambalea y los jóvenes miran con desesperanza un futuro donde la propiedad privada parece un amargo delirio. Todo esto, mientras las élites inmobiliarias se frotan las manos y los gobernantes aseguran que todo marcha de maravilla.

Pero no hay de qué preocuparse, después de todo, siempre se puede vivir con roomies hasta la jubilación o mudarse a algún estado más barato, donde la industria no esté en picada. Claro, mientras no nos pidan «experiencia mínima de 10 años» para un trabajo que paga lo justo para sobrevivir. Porque en este país, si algo nunca cae, es el ingenio para justificar por qué las cosas están tan mal.

Ver:

(El Economista: https://www.eleconomista.com.mx/econohabitat/comporto-precio-vivienda-entidades-20250215-746495.html)

(Marco Carrillo. La actividad industrial en México en cifras. https://www.facebook.com/profile.php?id=100066868073326&locale=es_LA)

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